“La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable”. Efesios 6:24.

Parece que no nos cabe la palabra amor. Antes de conocer a Cristo, cualquier hombre ha vivido en el contexto donde en la mayoría de los casos no hemos aprendido a decir “te amo”.

¡Cuesta decírselo hasta a su esposa y a sus hijos! Pero cuando Cristo tomó el control de nuestras vidas, todo empezó a cambiar.

Ahora, un hombre de Dios sabe amar porque Él ha puesto su amor en su corazón. Y debemos comenzar a expresarlo a nuestra esposa, nuestros hijos, nuestros padres, y también a Dios. Un hombre de Dios ahora sabe decir “te amo” sin avergonzarse, porque sabe que el verdadero hombre ama imitando a Cristo.

Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”. Jesús lo expresó verbalmente a sus discípulos, pero también en tus tiempos de oración privada con Cristo podrás escuchar que Él mismo te sigue diciendo “te amo”.

Es que el amor de Dios no cambia, no se reprime ni siquiera cuando nosotros no le amamos, porque Dios es amor en esencia y sigue amando a pesar de nosotros. Ese mismo amor, Dios lo ha derramado en nosotros.

Entonces, si el amor de Dios es inalterable y Él ha puesto ese amor, entonces nosotros también tendremos amor inalterable. Inalterable, significa que no se corrompe, que no cambia por las circunstancias, que no puede destruirse. Dios nos ha dado de su gracia para que le amemos primero a Él de manera inalterable.

Oramos: Padre, Jesús es la demostración de tu amor, hoy desea mi alma vivir en plenitud conectado con tu amor, en el nombre de Jesús, amén.

Para vivir el amor de Dios, solo pídele al Espíritu Santo que produzca el primer fruto en tu carácter: Amor. Después veras que detrás de este vendrán los otros: gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza.

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