“El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Juan 7:38.

La expectativa es “la espera activa”, no es que yo me quedo esperando que pase algo, hay algo dentro de mí que está en movimiento continuo.

La expectativa no solamente en el espíritu sino también en lo físico te posiciona para recibir aquello que Dios quiere darte.

Es una ebullición espiritual incontrolable, se escapa del razonamiento, hay algo dentro mío que me impulsa a creer que algo está pasando y que no me voy a quedar fuera de eso que está pasando.

Uno de los puntos más alto de la expectativa es que no me deja ser un simple espectador, entra en una fase activa como un torbellino bendito que posiciona, impele con fuerza de poder y gloria de Dios transformando a su paso todo.

La verdadera expectativa activa el poder del ahora, del mañana hoy. Jesús cuando le habló a Marta le dijo hoy, no mañana, si realmente crees hoy resucitará, no mañana. Cuántos realmente creen.

Hay gente que suelta este sentir en sus corazones solo cuando hay una motivación muy especial, cuando viene después de mucho tiempo, sueltan este sentir en sus corazones y reciben, es como el hombre que no tenía quién lo metiese en el agua cuando el ángel agitaba el agua.

Oramos: Señor, acepto el desafío de poner toda mi expectativa en Ti, me aparto y santifico para que obres y transformes mi vida, que todo sea renovado, cambiado y ministrado por tu Santo Espíritu, en el nombre de Jesús, amén.

Renuncia a las presuposiciones, entrega a Dios el presente y futuro, confía que cosas más grandes ocurrirán, que la gloria postrera será mayor que la primera, renueva tu vida, motívate en Jesús.

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