“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Salmos 23:1.

El Gozo es un deleite en la vida que va más profundo que el dolor o el placer, que no está limitado o sujeto únicamente a circunstancias externas, es fruto del Espíritu Santo, es una calidad de vida y no simplemente una emoción pasajera, la plenitud del gozo proviene de una sensación profunda de la presencia de Dios en nuestra vida.

Jesús dejó bien en claro que el gozo está conectado de manera inseparable al amor y a la obediencia, puede también existir gozo en el sufrimiento o en la debilidad, cuando se percibe que el sufrimiento tiene un propósito que nos ayudará a crecer, y en la debilidad como algo que nos llevará a una total dependencia de Dios.

“El Señor es mi Pastor nada me faltará”.

“Nada” es el ideal, el ideal está arriba, tendemos a ir para abajo, la ley del mínimo esfuerzo. El ideal es que nada nos va a faltar; vamos a formar familias extraordinarias, aspiraremos a ir por más, todo lo que hagamos nos va a salir bien. Es un ideal alto, tenemos que tener esos ideales ¡Con Dios siempre se gana nunca se pierde!

Cuando David caminaba por las praderas decía: “Jehová es mi pastor nada me faltará”, él llenaba su mente pensando en lo que Dios iba a poner en sus manos.

Oramos: Señor tú eres el brazo fuerte que me sostiene, sin importar la situación, en tus manos estoy confiado, mi voz trae paz a mi alma, amen.

El gozo te espanta a la gente negativa, esa gente siempre busca “donde poner la basura” pero tú con una sonrisa los mandas a que vayan a ponerla en otro lado, porque nadie tiene derecho a quitarte esa bendición que es la de regocijarte en el espíritu. El gozo no depende de las circunstancias sino de quien habita en nosotros, Dios nos va a usar para hacer reír a los demás. “El Señor es mi pastor”; son cinco palabras, como los cinco dedos de la mano, por eso no olvides que ¡tienes la mano ungida para tomar todas sus bendiciones!

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