“Y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”. Lucas 24:5.

El que resucitó, ya no está entre los muertos, el que vive es superior al que no vive, pero no se puede buscar la vida en los muertos, ni consultar a los muertos por los vivos, porque lo muerto; muerto está.

La vida es el propósito de la muerte de Jesús, la resurrección es el sello de la vida eterna para los redimidos.

La convicción de pecado, es una defensa muy importante, nos aleja de la muerte y de los muertos, de la idolatría y todo lo que tiene que ver con las tradiciones y costumbres, idiosincrasias malditas que han conducido al error, llevando al abismo a muchos.

Cuando la vida se manifiesta, es claro que la revelación de la verdad ha sido expuesta, dejar todo lo que batalla en contra de la vida, drogas de distintos tipos de estupefacientes que no son necesarios para el sustento de la vida, pero que tienen una influencia muy marcada en la vida espiritual.

Dios nos otorgó la responsabilidad de velar por el espíritu, alma y cuerpo, estamos a cargo y damos cuenta de que hacemos o dejamos de hacer, de los abusos a los que sometemos. Caminemos la vida con Dios, porque alejados de Él es muerte segura.

Jesús dijo que Él venció la muerte, si eres un hijo de Dios no puedes recurrir a lo que está vencido, que se determinó en matar y llevar al infierno tu persona. Jesús es vida y no hay vida y luz fuera del nombre sobre todo nombre “Jesucristo”.

Oramos: Dios mío eres tú, busco tu presencia, quiero vida y no muerte, más vida y regocijo en el espíritu por ser hijo de Dios. Tu presencia me acompañe y mi sabiduría sea incrementada porque he conocido al Rey, quiero más Señor, en el nombre de Jesús, amén.

Disfruta de la vida, toma acciones para erradicar de la vida todo lo que no contribuye a la vida plena del espíritu, alma y cuerpo.

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