“Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora”. Mateo 8:13.

El pasado y el presente se conjugan con las decisiones donde se debe decidir cuál de los dos dejará de influenciar sobre uno, ya que muchas veces los avatares de la vida pasada han dejado desbastada la fe, a tal punto que es posible que se viva sin fe; pero más aún Dios siempre nos enfrenta con un momento tan crucial donde no hay otra solución que poner la fe en funciones para lograr el bienestar de una persona.

El centurión vino a Jesús con fe, y la respuesta del Maestro es simple “como creíste te sea hecho”, una fórmula por demás sencilla, pero con un resultado contundente: “Hubo un milagro”.

Cuando trabajamos por reedificar la fe, es cuando entendemos que se ha debilitado, no importa cuánto, sino la necesidad de restablecerla, para que sucedan cosas maravillosas de Dios en nuestra vida.

Si la fe agrada a Dios, se hace una necesidad vivir en fe y por fe todos los días, es el requisito más básico de Dios, la fe debe expresarse por nuestra boca, salir por los poros, vivir en el corazón y estimular los pensamientos para que estos sean proactivos con la finalidad de mover la sustancia que hace vivificante la fe, cuando se expresa en realidades, ya sean sanidades o acciones contundentes que escapan a nuestro entendimiento, pero hacen a nuestra obediencia.

En tu boca hay un milagro, en tu corazón existen grandes planes de Dios que están escritos por el dedo del Señor, esperando a ser despertados para activar los más grandes resultados nunca vistos.

Oramos: Señor de la fe, de día en día quiero trabajar por que mi fe sea gigante, crea y se fortalezca en ti para alcanzar toda la plenitud de tu Palabra y reedificar toda mi casa de fe, en el nombre de Jesús, amén.

No te quedes postrado, levántate en fe y actúa en gracia, porque el poder de Dios obra en los valientes que se mueven por fe y contagian a otros.

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