“Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete”. Apocalipsis 3:19.

Cuando se comete un error, se debe esperar la disciplina de Dios, es el precio justo del error. Nada escapa a los ojos de Dios, ni lo bueno ni las cosas malas que hacemos.

Dios retribuye, y sus ojos nunca se duermen, la tierra está llena del favor divino y también del juicio del Altísimo. Nuestros errores no están escondidos de Él. Así como un buen padre de familia se tomará el tiempo para disciplinar a un niño, el Señor el mejor padre de todos los tiempos permitirá la disciplina para entrenarnos a formar el carácter de Jesús y no para destruirnos.

Cuando se comete un error, si se fija, verá que siempre que Dios abre una puerta para salir, arrepentirse, pedir perdón y cambiar de actitud. Pablo en su epístola a los Corintios les recordó “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir”. 1 Corintios 10:13.

Oramos: Padre, mis errores crean separación entre Tú y mi persona, hoy vengo a pedirte que mi vida crezca y permanezca en Tú gracia, te confieso mis pecados y me arrepiento de haberlos cometido y vivido, de crear una separación. Ahora crea en mí un corazón noble, sensible a Tu llamado, en el nombre de Jesús, amen.

Nunca te detengas en el error, porque no es una estación, es una terminal, donde se detiene por mucho tiempo. El arrepentimiento trae crecimiento y mayor potencial de Dios para afrontar y vencer todos los problemas.

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