“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él”.

Lucas 10:33

No importa cuánto tiempo estuviste en el piso, alguien ha venido a tu vida: El Señor, y Él te dice: “Yo iré donde tú estás, escucha mi voz. Levántate, toma el lecho que tenías, llévalo de carta de testimonio, muéstralo. Porque correrás y no te cansarás, caminarás y no te fatigarás. Y luego levantarás alas como las águilas, y yo cumpliré los sueños de tu corazón. Sígueme, ámame, adórame, Yo soy tu Rey, ponme en el centro de comando de tu vida y espera lo mejor de mí”. Dios usa a “las ramas secas” para que ardan por Él .

Moisés un día estaba en el desierto, apartado y rodeado de ovejas, se le apareció un fenómeno, una zarza que ardía sin consumirse, a partir de ese momento, vio su Samaritano, que vino por él cuando creía que ese desierto sería su último lugar en la tierra.

El enemigo quiere hacerte “trabajar para que pierdas tu tiempo en el pantano, tipificado por las ciudades de Pitón y Ramsés en donde el pueblo de Israel trabajaba sin parar. Pero un día vino el Samaritano y todo cambió. Hoy es día de cambio de temporada para ti, ten ánimo, Él te llama.

Oramos: Gracias Dios por abrir mis ojos, puedo ver tu gloria, un futuro, vuelve la esperanza a mi alma, llenas de gozo y alegría mi ser. Te adoro Padre, por tu grandeza y magnificencia, en el nombre de Jesús, amen.

Cuando bendecimos a la gente, Dios nos habilita para ver su gloria, pero primero hay que amar a la gente. Por eso Dios te dice: “te voy a mostrar algo” porque te estoy formando y trabajando aún en tu vida, y aunque para los demás seas el número dos, ¡para mí siempre vas a ser el número uno! No te desanimes, continúa el camino sin murmurar, tu Samaritano va a tu encuentro.

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