“Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; más si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios”. Hechos 5:38.

¿Lo que hacemos lo hacemos para Dios o contra Dios? Si seguimos sus principios, si no dañamos al prójimo Dios nos bendecirá, pero de lo contrario estaremos luchando contra Dios. Es cierto que debemos esforzarnos por alcanzar metas y trabajar con toda diligencia, pero nuestros esfuerzos y dedicación ¿Son para nuestra propia satisfacción personal o son para la gloria de Dios y con la ayuda de Dios?

Si lo que hacemos va de la mano de Cristo, no se desvanecerá porque lo que de Él viene permanece, pero en caso contrario, si somos guiados por nuestro orgullo personal, o nuestras ambiciones egoístas al final se derribará por su propio peso. No se trata de que Dios derriba lo que hago, sino de la clase de material con la que construimos nuestros sueños, metas o aspiraciones. Si es con la paja y el heno serán cosas temporales, pero si es con los principios de Dios que permanecen para siempre, será con diamantes y materiales sólidos.

Estos principios son verdades sólidas que sustentan y hacen que lo que hacemos perdure, porque son verdades eternas. Una cosa es luchar para que Dios me bendiga como Jacob otra es luchar en contra de la voluntad de Dios. Fijémonos, por lo tanto, con qué material construimos las cosas de nuestra vida, estemos atentos a reflexionar si lo que hacemos es con Dios, o contra Dios.

Oramos: Gracias Señor porque voy de la mano contigo y me guías con tu Espíritu. Muéstrame Señor en cada área con qué principios espirituales estoy edificando mi vida. Amén.

La diferencia fundamental está en lo que nos motiva a hacer las cosas y con base a qué principios bíblicos se sustenta lo que emprendemos.

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