“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: el Verbo de Dios.” Apocalipsis 19:11.

Nuestra fe no solo se basa en que Jesucristo vino a morir por nuestros pecados y resucitó victorioso para darnos una vida nueva en Él, sino que también tiene su cimiento en que Él regresará de nuevo a nosotros. Por eso, en los últimos momentos que Jesús pasó con sus discípulos aquí en la tierra, antes de ascender al cielo para ir de vuelta a su Padre, les prometió que volvería por todos aquellos que habían creído en Él.

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. Mientras Él vuelve, pasaremos por pruebas una y otra vez, en este mundo seducido por el pecado y la maldad, por las nuevas ideologías que recorren el planeta seduciendo a muchos a apartarse del verdadero Dios y aunque es preocupante, no debemos desmotivarnos para seguir cumpliendo el mandato de llevar el evangelio a todas las naciones.

En apocalipsis se nos narra la culminación del plan de Dios y una vez más se nos dice que sin importar lo que pase, sin importar cuanto se multiplique la maldad o padezcamos en esta tierra, Jesús nuestro Rey volverá por todos lo que hemos creído en Él. Viene porque en la cruz venció al mundo y nos abrió un camino de vuelta al Padre y regresará en toda su gloria y majestad terminando la obra que comenzó en la cruz.

Oramos: Señor Jesús, ayúdame a tener la mirada puesta en tu regreso, que los problemas de mi día a día no me distraigan de esa esperanza, que no sienta que me has abandonado, ayúdame a confiar en que volverás por mí y fortaléceme para seguir firme en mi fe haciendo lo que te agrada, hasta que vuelvas. Amén.

Con su regreso nuestro gozo será completo porque nos mostrará la gloria postrera y estaremos con Él para siempre. ¡Ánimo, nuestro Rey ya regresa!

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