“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Filipenses 4:8.

¡Qué astuto es el enemigo! Y es que se necesita de mucha astucia para hacernos creer tantas cosas que no son ciertas. Hay algo que debemos tener muy claro y es que todos pecamos y cada día nuestra naturaleza pecaminosa nos orienta a buscar el pecado, la diferencia desde el día que le entregamos nuestra vida a Cristo es que ya no vivimos para satisfacer ese deseo carnal de pecado, sino que para negarnos a nosotros mismos y vivir para Dios.

Teniendo en cuenta esto, y que todos somos fácilmente seducidos por el pecado, debemos tener cuidado cuando nos detenemos a escuchar la voz del enemigo de nuestras almas quien es un experto en acusarnos y culparnos por cada cosa por mínima que parezca.

Es muy común saber de personas que no pueden alcanzar la felicidad aun en los caminos de Dios porque el enemigo los hace sentir culpables por tener deseos pecaminosos en su mente. En el camino vamos a fallar, en ocasiones tropezaremos muy fuerte, sin embargo Dios jamás nos acusara, nos menospreciara o nos hará sentir inservibles, al contrario, él siempre nos perdonara, nos dará valor y restaurará nuestra vida porque nos ama con un amor que es perfecto y eterno.

Oramos: Hoy señor te adoro, por tu paciencia y bondad, aunque me caigo, siempre veo tu brazo fuerte para restaurarme, el mundo, la carne y el diablo me abandonan, pero tu permaneces fiel a mi lado, amen.

La primera acción positiva para cambiar los pensamientos negativos, es creerle a Dios y sus promesas, no a las voces negativas del enemigo, que lo único que hace bien, es destruir vidas, una vez tomadas, torturarlas hasta deprimirlas y alejarlas de Dios. La inteligencia, sabiduría y poder vienen de Dios para que no caigas en las garras de enemigo.

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