“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Hechos 1:7

La preocupación es lo que no debería preocupar, como saber los tiempos, si debo estar preparado o todavía hay tiempo, lo que nos compete es como buen soldado estar siempre listos, que suena la trompeta y acudo o respondo al llamado.

Ser testigos del Señor es sobre hechos experimentados no sobre sobre lo que ocurrirá en el futuro, teorías o conspiraciones que no producen frutos o sirven para la aplicación y práctica diaria del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

Un testigo es aquel que vivencia el poder permanente de Dios que se traduce en el obrar continuo del Señor, a través de ministerios, dones, portentos u operaciones de Dios para extender y bendecir la obra del Señor.

Dios desea reeditar el Evangelio y todo lo demás que dice la escritura en nosotros, un obrar tremendo, como nunca ha sido ideado o pensado en lo que el Señor busca hacer en aquellos que se han apartado, creyeron y están dispuesto a dejarlo todo y abrazar al Señor y sus propósitos.

La predisposición para ser esa persona está en nuestra voluntad y cuanto hemos sanado el interior para poder afectar el exterior y que sea evidente que JesuCristo mora en nuestro interior.

Oramos: Señor, tú eres el que me capacitas, me esfuerzo en hacer tu voluntad, en el nombre de Jesús, amen.

Cuanto pudo hacer Dios con un tartamudo como Moisés, o un guerrillero como Pedro, o la forma que transformó a Pablo y a millones más. ¿No podrá Dios hacer algo contigo hoy?

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