El Apóstol Pablo, aplicó un sencillo principio: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” Romanos 10:14.

Para que el evangelio de nuestro Señor Jesucristo llegue a más corazones, alguien tiene que predicar, de otra manera no pueden oír las nuevas de salvación.

Dios llama a todos, la diferencia está en quienes escuchan, y de estos cuantos están dispuestos a poner las manos en el arado. Muchos son llamados, pocos son los escogidos. Predicar, anunciar y discipular, es un privilegio que pocos tienen.

Hoy mira a tu alrededor, cuantos oran o piensan en silencio, dicen “Dios, envía a alguien que me bendiga, que me hable de ti”, gente que clama al cielo por uno que tome el lugar de Jesús, avance hasta donde está la necesidad.

“¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !!Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” Romanos 10:15.

Hoy cuantas personas están esperando una palabra que les cambie la vida, un momento de luz aparezca repentinamente y se resuelvan sus problemas.

Alguien clama a Dios, pide que Dios envíe la ayuda necesaria, quizás sea solamente una palabra, pero está acostado en la cama de un hospicio. Cuando el corazón escucha la voz de Dios, está listo para hacer grandes cosas para Dios.

Oramos: Señor, que pueda ser esa persona que lleve buenas nuevas a los que claman, que sea tu voz y Palabra que ilumina el rostro de alguien en este día. En el nombre de Jesús; Amén.

Hoy mira a tu alrededor, quién necesita una visita para iluminar su rostro con la lumbre de Jesús.

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