“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. Juan 4:23.

Mucho ha escrito el Hombre sobre el sonido. Nadie sabe realmente nada sobre él. Sólo el corazón lo comprende; si enamorado de la vida material, se lo utilizará para cantar a lo perecedero.

Si prendado de las grandes elaboraciones del tecnicismo, se crearán nuevos “Caprichos”. Nada de eso debe interesarnos, por la simple razón de que nuestro Camino es otro: queremos cantar a Dios Universal, queremos que la música más humilde, sin adornos, sin tecnicismos retóricos, sea puente que nos otorgue la gracia de hacer que florezca en nosotros cada día con mayor intensidad, el amor al Padre de las rosas, los mares, las montañas, estrellas y criaturas.

Queremos cantarle a él, queremos acercarnos a él, nos ayude a transitar la senda que haga posible lo imposible, esto es, que el corazón sea poseído por la adoración a Jesús el Cristo, Que podamos llegar por medio de las notas a Aquel Dios infinito.

Nuestra música tiene que ser la expresión más viva y sincera del alma enamorada de su Creador. No será para ello necesario un gran conocimiento técnico; será necesario, sí, un constante desborde devocional.

Cada nota cantada debe ser un ala que nos eleve al Cielo, y para ello, el sonido más magro será suficiente si en él vibra el deseo de unión con lo Divino a través del sonido. Cuando hablamos de universalismo en música, hablamos de educación y concordia entre los hombres, de respeto por el camino del otro, y ese sagrado respeto es, precisamente, uno de los mayores pilares, porque en el respeto profundo y sincero, no hay agresión, sino fraternidad.

Oramos:Padre, cada sonido musical, cada nota es un reflejo de tu creación, por ellos podemos alabarte, adorar y expresarnos, gracias por cada músico, salmista y adorador, te pido que los bendigas y los inspires, en el nombre de Jesús, amen.

Entrégale hoy a Jesús tu vida que ha estado esperándote con los brazos abiertos desde hace ya mucho tiempo, Él te ama con amor eterno, dale tu vida hoy.

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