“¿Creen ustedes que vine a traer paz a la tierra? ¡Les digo que no, sino división”. Lucas 12:51.

El hombre busca la paz, desea vivir en paz, la guerra es la interrupción de la paz, pero dicen que es a fin de obtener la paz.

No duermen porque no hay paz en el corazón, el alma atribulada no descansa, aún de noche. El precio de la paz pueden ser diferentes pretensiones, sin embargo nunca es permanente.

La paz es efímera, escurridiza, buscada, anhelada, prometida y deseada, sin embargo la división siempre pone fin y se esfuma la esperanza junto a la paz.

Jesús dijo: “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden”. Juan 14:27.

La vida de Jesús en la tierra, no había nada que le quite la paz, aunque trataban por todos los medios de incomodarlo, nunca perdió la paz, sereno, preciso y contundente, sus adversarios se fueron siempre con las manos vacías sin lograr el resultado por el que trabajaron, aún se maravillaban por sus respuestas.

ORAMOS: Señor Jesús, clamo a ti por mi persona, ser como tú, aplomado, tranquilo, pero sobre todo tener la seguridad, la paciencia y paz. Que cada amanecer sea una nueva oportunidad de vestirme con tu armadura y poder, en el nombre de Jesús, amén.

PARA PENSAR: Las tormentas hacen que los árboles tengan raíces más profundas, y los hombres no se quiebren. No permitas que nada ni nadie quite tu paz, porque exclusivamente depende de ti, eres el que abre la puerta para que entre la paz, o abres para que se vaya.

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