“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Filipenses 4:6.

Las cargas emocionales, los traumas e impotencia, las enfermedades, la impotencia de no lograr lo que deseas, producen cargas sobre el alma, que luego repercuten en todo el organismo.

El empeño puesto de manifiesto en determinada área, desequilibra el Ser, el consejo de la Palabra de Dios es “Por nada estéis afanosos”, ¿Cuál es la solución? El creador y formador tuyo, determina que el afán es nocivo, en cambio debemos convertirlo en una petición a Dios a través de la oración y ruego.

La oración y ruego, sí producen bienestar y felicidad. De lo cual surge una regla de oro: “La oración y ruego es una inversión saludable para el Ser”.

Cuando se comprende y se aplica, los resultados son inmediatos, cambia el ánimo de la persona, el bienestar general produce altos niveles de hormonas saludables en el cuerpo, el alma se ubica en el punto de mayor capacidad de respuesta, el espíritu se alinea con Dios y envía al alma la vida que provee Jesucristo.

Parece tan simple, e indiscutible que pueda ser de tanta utilidad. Tu respuesta al afán está en tus decisiones. Pruébalo, es gratis.

Oramos: Tú eres mi Dios, eres todo lo que tengo; tú llenas mi vida y me das seguridad. Gracias a ti, la herencia que me tocó es una tierra muy bella. Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas. Amén.

El gozo es la clave del éxito, si es escaso comienza a clamar y orar, es la única forma de derribar todo tipo de oposición y recrear la alegría que viene de Dios. El tiempo en oración y búsqueda es tiempo bien invertido.

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