La Biblia dice. “Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad”. Hechos de los Apóstoles 18:9.

Pablo veía una ciudad cerrada, hostil, que no recibía la Palabra del Evangelio de Jesucristo, en visión, el mismo Señor señala al Apóstol, que no calle, la orden era avanzar, sin importar la oposición, estaba determinado que mucho pueblo era del Señor, y dirigía a su siervo los siguientes pasos.

Lo primero era levantar un vallado y cerrar las grietas, era inminente tomar una decisión, un compromiso de cubrir e interceder orando a Dios diariamente.

La oposición se había manifestado de manera tan importante que ya afectaba al gobierno. En un medio hostil entraba triunfante la Iglesia, la Palabra cuando es predicada y los varones y mujeres de Dios no callan, el resultado es avivamiento.

La iglesia hoy tiene los mismos límites, y oposiciones de un enemigo que tiene la cautividad en ruinas. Esta forma de cautiverio, frecuentemente está arraigada en la mente de las personas, inmoviliza, inhibe el pensamiento, se aferra a las costumbres y tradiciones, formas de pensamientos que son ajenas al humano, pero la persona no se da cuenta, es necesario contar con un poder Superior (Espíritu Santo) para que revele y expulse a la entidad que tomó lugar.

El profeta Samuel lo entendió así: “Así que, lejos sea de mí pecar contra Jehová dejando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto”. 1 Samuel 12:23.

Oramos: Mi Dios, quiero ser resuelto para hacer tu voluntad, hablar con denuedo Tu Palabra, llevar buenas nuevas a los que no la tienen, ayúdame a superar todos los miedos, en el nombre de Jesús, amén.

Someterse a la presencia de Dios, permitirá que el corazón sea pesado, y el veredicto la misericordia, que la gracia sea manifiesta para acabar con el temor.

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