“Cuando Sambalat se enteró de que estábamos reconstruyendo la muralla, se disgustó muchísimo y se burló de los judíos. Ante sus compañeros y el ejército de Samaria dijo: ¿Qué están haciendo estos miserables judíos? ¿Creen que se les va a dejar que reconstruyan y que vuelvan a ofrecer sacrificios? ¿Piensan acaso terminar en un solo día? ¿Cómo creen que de esas piedras quemadas, de esos escombros, van a hacer algo nuevo?” Nehemías 4:1.

Nehemías había recibido permiso del rey Artajerjes, a quien servía como copero, para ir a su ciudad Jerusalén con una compañía de obreros y reconstruirla, pues la ciudad había sido derribada, el templo reducido a cenizas y el pueblo asolado por los enemigos.

El llamado de Dios a Nehemías no fue fácil, pues tendría que enfrentarse a enemigos que se oponían a la reconstrucción de Jerusalén, además al desánimo de un pueblo que lo había perdido todo, pues sólo decían: “el escombro es mucho y no podemos edificar el muro“.

Pero cuando un hombre acepta el desafío de Dios, es capaz de motivarse a sí mismo y de motivar a otros para cumplir los propósitos de Dios. Esta motivación debe empezar con una oración sincera y específica sobre la necesidad de ver la gloria de Dios.

Los creyentes estamos llamados a batallar contra los enemigos internos y externos, que nos impiden construir una vida espiritual sólida.

Somos edificadores y no podemos permitir que el pecado, los vicios y malos hábitos, como la indiferencia, la apatía, la pereza, el placer pecaminoso, el materialismo, la mundanalidad y la falta de oración y búsqueda de la Palabra de Dios impidan la edificación de nuestra vida espiritual.

Hay que remover el escombro y sacar la basura para que no resulte ineficaz nuestro servicio al Señor. Los enemigos externos son las personas que como Sanbalat y Tobías utilizaron el enojo, el ridículo y la burla para tratar de disuadir a los judíos de construir el muro, son los que nos desaniman para que no sigamos a Dios.

Nehemías los ignoró y en cambio oró, y la obra continuó. Cuando se burlen de nosotros por nuestra fe o nos critiquen por servir a Dios y hacer lo correcto, hagamos lo de Nehemías y no nos desalentemos, expresemos a Dios lo que estamos sintiendo y recordemos que su presencia constante nos da la fuerza para continuar.

Oramos: Señor, gracias porque tu gracia en nuestro corazón produce en nosotros buenas obras, permite que crezcamos en el conocimiento tuyo para poder edificar sobre un fundamento firme capaz de soportar las más grandes pruebas, entonces podremos ofrecerte algo para la eternidad, amén.

Permitamos al Señor ser el fundamento de nuestra vida, nuestra roca en la cual debemos anclarnos, para ser fuertes.

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